
Texto: Soledad Evans
Fotos: Gentileza Isabel Felmer
Isabel Felmer se ve una mujer delicada, casi frágil. Delgada, de colores claros en piel y pelo, de poca expresión. Pasiva y dócil. De voz suave y armónica. Se sienta a conversar al ritmo del bossa nova y todo combina perfectamente a su alrededor.
Esta diseñadora teatral de la Universidad de Chile tiene sólo 29 años, pero cuenta con un millón de historias. Es que siempre ha sabido moverse para llevar a cabo las cosas que le llaman la atención.
Cuando vio una obra de teatro, mientras estudiaba, se deslumbró con la capacidad que tenía el vestuario de intervenir el espacio, de usar colores y diseños para marcar diferencias en cuanto a la especialidad. Ése fue el clic que la hizo darse cuenta que la cosa plástica del diseño era lo que le llamaba la atención. Eso de que la ropa con solo estar ahí marcara una pauta y usara el metro cuadrado que le correspondía, la cautivó plenamente.
En el último año de carrera realizó un desfile en donde entraban a escena las actrices de a dos, con vestuarios llamativos, y el ensamble que se daba en la performance fue perfecto. “El conjunto era muy látex, de colores fuertes, futuristas, como toda la línea que armé en esa época”, recuerda.
Esos diseños los hizo bajo la influencia de lo abstracto y lo pop que llamaba su atención. Tanto así que armó el mismo concepto en su departamento, decorando unas blancas murallas con círculos de colores luminosos y otras con líneas de colores tan atractivos como los otros. Esto de su casa no se trata sólo de ser cool y tener una habitación con onda. No. Se trata de la coherencia de Isabel en sus jugadas maestras. Si ella está interesada en algo, se pone a investigar a full sobre eso. Se preocupa de saber todo lo referente a esa tendencia; va experimentando, creando, diseñando y mientras tanto, decora su departamento bajo el mismo concepto. Genera una sintonía en todo lo que hace y eso se nota, lo transmite.Esto muestra una vez más la prolijidad de Isabel. Para ella todo tiene un significado, todo es un detalle. Los años de arquitectura que estudió le dejaron marcado el concepto de neoplasticismo, en el sentido de equilibrio de sus composiciones. Ella lo adopta. Es prolija y cuidadosa para elegir sus colores, sus telas y cada una de las líneas que componen sus figurines.
De hecho, acaba de ganar el Décimo Tercer Encuentro de Moda Independiente con su colección de Muñequitas Universales, que tiene ese nombre porque está pensado en las mujeres, en rescatar el concepto de delicadeza y femineidad de todas. Para ella, cada mujer es una muñeca y al usar el diminutivo, rescata aún más la fragilidad de este género. Lo de universales va exclusivamente porque cada uno de los diseños rescata un conjunto de diferentes culturas, que si bien son distintas al analizarlas por separado, en el vestuario que ella creó armonizan a la perfección, tanto los detalles de mangas tailandesas, como los detalles romanos e hindúes.
Pero estas muñequitas no salen sólo de ese concepto, sino de todo lo que rodeaba a Isabel en ese momento de creación. Estaba absorta en un mundo artificial por sus inquietudes, relacionadas con el futurismo y la posible frialdad que podrían traer los androides al mundo en muchos años más. Leyendo Blade Runner y estando en el grupo Sonórica descubrió el mundo pop. Un día decidió salir a cantar con buzos de látex para probar. “Eso fue otra etapa, que me llevó a incorporar esos vestuarios que yo hacía a mi propio cuerpo, ponerlos en escena”, explica.
Luego se cambió al grupo Visiona, que toma su nombre de los encuentros relacionados con todo el concepto de retro-futurismo y allí también fue desarrollando sus inquietudes plásticas. En eso estaba cuando llegó a hacer su práctica al Teatro Municipal el año pasado. Ahí fue pasando por todos los talleres y aprendiendo cosas nuevas en cada uno. De hecho, la influencia del área de vestuario es lo que la llevó a descubrir nuevos elementos que fueron configurando las Muñequitas Universales, “porque el vestuario del teatro está lleno de detallitos y con mucho volumen, con cosas de distintas épocas de acuerdo al montaje que se está haciendo”, aclara.
Al terminar la práctica, se dedicó sólo a dibujar, a pensar en lo que quería lograr con la colección. Para ella lo primero es el boceto, ya que al tener la idea clara en el dibujo, le ayuda a concretar lo que pretende y a darse cuenta de todos los detalles que puede tener la prenda.
“No quería desarrollar una sola idea en la colección”, declara, y es por eso que cada una de las prendas tiene presencia individual y a la vez, genera la sensación de unidad necesaria para ser un conjunto.De que lo consiguió, lo consiguió, eso está claro. Es cosa de mirar los diseños. Si se les toma atención se encuentran pequeños detalles que cobran gran importancia a la hora de visualizar el conjunto. Sin embargo, esas prendas no están a la venta aún, ya que las quiere atesorar por un momento más.
Por ahora, nuestra muñequita deja las horas de dibujo para dedicarse a terminar su tesis, pero no se queda tranquila. Eso, jamás. Está trabajando en un proyecto con su amigo poeta Gustavo Barrera, para diseñar las páginas de los libros que él presentará en marzo. También estará ensayando su voz con Visiona y probablemente, si vamos a una de sus tocatas, nos encontremos con buenos vestuarios en escena, conformando una performance al más puro estilo Felmer. Veremos.
Esta diseñadora teatral de la Universidad de Chile tiene sólo 29 años, pero cuenta con un millón de historias. Es que siempre ha sabido moverse para llevar a cabo las cosas que le llaman la atención.
Cuando vio una obra de teatro, mientras estudiaba, se deslumbró con la capacidad que tenía el vestuario de intervenir el espacio, de usar colores y diseños para marcar diferencias en cuanto a la especialidad. Ése fue el clic que la hizo darse cuenta que la cosa plástica del diseño era lo que le llamaba la atención. Eso de que la ropa con solo estar ahí marcara una pauta y usara el metro cuadrado que le correspondía, la cautivó plenamente.
En el último año de carrera realizó un desfile en donde entraban a escena las actrices de a dos, con vestuarios llamativos, y el ensamble que se daba en la performance fue perfecto. “El conjunto era muy látex, de colores fuertes, futuristas, como toda la línea que armé en esa época”, recuerda.
Esos diseños los hizo bajo la influencia de lo abstracto y lo pop que llamaba su atención. Tanto así que armó el mismo concepto en su departamento, decorando unas blancas murallas con círculos de colores luminosos y otras con líneas de colores tan atractivos como los otros. Esto de su casa no se trata sólo de ser cool y tener una habitación con onda. No. Se trata de la coherencia de Isabel en sus jugadas maestras. Si ella está interesada en algo, se pone a investigar a full sobre eso. Se preocupa de saber todo lo referente a esa tendencia; va experimentando, creando, diseñando y mientras tanto, decora su departamento bajo el mismo concepto. Genera una sintonía en todo lo que hace y eso se nota, lo transmite.Esto muestra una vez más la prolijidad de Isabel. Para ella todo tiene un significado, todo es un detalle. Los años de arquitectura que estudió le dejaron marcado el concepto de neoplasticismo, en el sentido de equilibrio de sus composiciones. Ella lo adopta. Es prolija y cuidadosa para elegir sus colores, sus telas y cada una de las líneas que componen sus figurines.
De hecho, acaba de ganar el Décimo Tercer Encuentro de Moda Independiente con su colección de Muñequitas Universales, que tiene ese nombre porque está pensado en las mujeres, en rescatar el concepto de delicadeza y femineidad de todas. Para ella, cada mujer es una muñeca y al usar el diminutivo, rescata aún más la fragilidad de este género. Lo de universales va exclusivamente porque cada uno de los diseños rescata un conjunto de diferentes culturas, que si bien son distintas al analizarlas por separado, en el vestuario que ella creó armonizan a la perfección, tanto los detalles de mangas tailandesas, como los detalles romanos e hindúes.
Pero estas muñequitas no salen sólo de ese concepto, sino de todo lo que rodeaba a Isabel en ese momento de creación. Estaba absorta en un mundo artificial por sus inquietudes, relacionadas con el futurismo y la posible frialdad que podrían traer los androides al mundo en muchos años más. Leyendo Blade Runner y estando en el grupo Sonórica descubrió el mundo pop. Un día decidió salir a cantar con buzos de látex para probar. “Eso fue otra etapa, que me llevó a incorporar esos vestuarios que yo hacía a mi propio cuerpo, ponerlos en escena”, explica.
Luego se cambió al grupo Visiona, que toma su nombre de los encuentros relacionados con todo el concepto de retro-futurismo y allí también fue desarrollando sus inquietudes plásticas. En eso estaba cuando llegó a hacer su práctica al Teatro Municipal el año pasado. Ahí fue pasando por todos los talleres y aprendiendo cosas nuevas en cada uno. De hecho, la influencia del área de vestuario es lo que la llevó a descubrir nuevos elementos que fueron configurando las Muñequitas Universales, “porque el vestuario del teatro está lleno de detallitos y con mucho volumen, con cosas de distintas épocas de acuerdo al montaje que se está haciendo”, aclara.
Al terminar la práctica, se dedicó sólo a dibujar, a pensar en lo que quería lograr con la colección. Para ella lo primero es el boceto, ya que al tener la idea clara en el dibujo, le ayuda a concretar lo que pretende y a darse cuenta de todos los detalles que puede tener la prenda.
“No quería desarrollar una sola idea en la colección”, declara, y es por eso que cada una de las prendas tiene presencia individual y a la vez, genera la sensación de unidad necesaria para ser un conjunto.De que lo consiguió, lo consiguió, eso está claro. Es cosa de mirar los diseños. Si se les toma atención se encuentran pequeños detalles que cobran gran importancia a la hora de visualizar el conjunto. Sin embargo, esas prendas no están a la venta aún, ya que las quiere atesorar por un momento más.
Por ahora, nuestra muñequita deja las horas de dibujo para dedicarse a terminar su tesis, pero no se queda tranquila. Eso, jamás. Está trabajando en un proyecto con su amigo poeta Gustavo Barrera, para diseñar las páginas de los libros que él presentará en marzo. También estará ensayando su voz con Visiona y probablemente, si vamos a una de sus tocatas, nos encontremos con buenos vestuarios en escena, conformando una performance al más puro estilo Felmer. Veremos.
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