Ella es preciosa.
Ella es dulce.
Ella sonríe con facilidad y belleza.
Ella es delicada y espontánea.
Es adulta y niña a la vez.
Dice "Bacán" y es niña. Dice "Vicente" o "Amanda" y es madre.
Habla de "Carlos" y es mujer.
La conocí junto al mar y la quise. Su voz iluminó importantes momentos e inolvidables noches.
Poco a poco se abrió y yo también; conversamos; sentimos. Lo pasamos la raja y lo recordamos juntas.
Me encantó escucharla, leerla y caminar con ella sintiendo el mar, siguiendo sus pasos entre las rocas.
Luego de eso, siempre atinó a entrar en mi espacio cuando necesitaba de su buena vibra. Siempre estuvo cuando quería un abrazo. Creo que no lo supo, pero estuvo ahí y la amé por eso. No se lo dije, pero lo escribo.
Estuvo justo ahí para frenar mis lágrimas.
Para darme el abrazo de buena energía cuando estaba siendo el blanco de energías negativas.
Para abrazarme e introducirme en ese olor de paz. Ese olor que es ella, que es su aura transformada en su dulce aroma.
Que es inigualable.
Inigualable y única.
Inigualable y única como ella.
La Claudia
domingo, octubre 10, 2004
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