viernes, septiembre 24, 2004

Maine Prinzessin

hace un tiempo pude realizar un viaje que soñaba
me reencontré con mi mejor amiga: Carolina
nos conocimos hace muchos años y vivimos muchas experiencias juntas
fueron momentos difíciles algunos, otros no tanto
apendimos muchas cosas, así como a permanecer unidas para que nadie nos destruyera jamás
y no lo lograron. Estamos enteras, fuertes - al menos de aspecto - y tratamos de alcanzar la felicidad. A ratos lo logramos, otros no tanto. Pero estamos bien.
el año pasado pude trasladarme a su jardín de edelweises y bailar al ritmo de un fuerte verano.
Encontré a la niña que recordaba de la infancia y conversé con ella. Nos reconocimos y volvimos a ser amigas, confidentes. La seguí amando como hasta ahora lo había hecho a través de su recuerdo.
Pero con el paso de los días y el saludo del otoño, mis ojos fueron dándose cuenta que esa niña que dejé hace tiempo, ahora era una hermosa e íntegra mujer. La conocí, me hice amiga de ella y la amé.
Las vidas anteriores nos volvieron a juntar y volvieron a unir nuestras almas además.
Era la misma niña, disfrazada. Transparente y dulce. Con sus ojos azules llenos de amor para entregar a quien quiera recibirlo. Siempre con una sonrisa a flor de labios para dar y un abrazo para reconfortar. La seguí amando. Ella también seguía amándome a mí.
Esa mujer era la misma niña, pero a la vez una mujer. La segunda mujer que más amo después de Irene o igual que ella.
Al recordarla, la veo. Andando en su bicicleta. Corriendo entre los verdes prados. Besando a Carina. Apoyando a Christian. Veo sus ojos brillantes de bondad.
La admiro. Sí, la admiro. Y mucho. Cada vez más.
Amo conversar con ella. Amo escucharla. Amo sus consejos.
Al recordarla la veo. Pero también la extraño. Y la extraño mucho. Siento sus tristezas cuando las tiene y las alegrías que vive.
Ésa es Carolina, mi mejor amiga.
Ésa misma que está tan lejos, pero a la vez no tanto.
Los kilómetros en el corazón no existen y ella vive en el mío.


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