martes, septiembre 28, 2004

domingo, septiembre 26, 2004

Traición

Toda la vida me han enseñado a ser buena persona, a seguir el ejemplo de Jesucristo y poner la otra mejilla, a no ser rencorosa, a pensar siempre que la gente actúa con buenas intenciones y a veces sólo se equivoca. Tengo mi cabeza adecuada a pensar de esa manera y mis sentimientos moldeados con esas bellas intenciones. Paso por ingenua?? Sí, por supuesto. Pero ahora tengo pena mezclada con rabia. Me traicionaron en mala onda. O siento que lo hicieron. No sé si es sólo el acto o es más lo que siento. No sé si lo pensaron. No sé si solamente siento que hubo traición.
Me imagino que si uno siente que le clavan un puñal por la espalda es porque es traición ¿o no? ¿Basta sólo con sentirlo? Hoy está nublado y aparecen en mi campo visual las personas que me producen esta sensación y me hace sentir mal. Como tonta por entregar confianza a quien no merece. Como ingenua por no darme cuenta de los planes de otras personas. Siento rabia profunda por ser ambas. Por verme con esas características sin haberme dado cuenta.
A pesar de todo, siempre tiendo a pensar que no hubo mala intención, que en realidad no hubo mala onda, que sólo fueron las circunstancias de la vida, los caminos de la vida los que llevaron las cosas hasta donde están.
La rabia y la pena se mezclan porque los lobos se disfrazan de ovejas y las verdaderas ovejas se ponen demasiado mansas y se dejan manejar. Las culebras se arrastran, pero es sólo en apariencia porque su frialdad las hace ser traicioneras hasta consigo mismas. Su piel cambia de acuerdo a dónde están, de acuerdo a quien las toca. Quien las toca también debe cambiar su piel. Eso es lo que hay que hacer cada vez que a uno lo traicionan. Cambiar la piel.
Cuesta sacarse las cicatrices que dejan las experiencias malas. Pero las experiencias malas son las únicas que dejan enseñanzas imborrables. Sin llegar a ser traumas.
Pero igual a veces te vuelven a engañar.
Ser confiada, implica equivocarse.
Ser buena persona, implica pasar por tonta.
Poner la otra mejilla, implica que te caguen más de una vez.
Pensar que la gente actúa con buenas intenciones, me arregla un poco el ánimo.
Me ayudó a recuperarme de la traición – o la sensación de traición – pero me volvió a pasar. Creí en las sonrisas, en las buenas palabras de unos momentos, en las lágrimas compartidas, incluso. Por eso no alcancé a ver que me estaba sucediendo de nuevo. Esta vez dolió porque no pensé que volvería a pasar. Pero ésta es la última vez. Me he preocupado de recordar y recordar lo que pasó, cómo pasó y por qué pasó. No por rencor. No por masoquista. Sólo para aprender. Espero que esta vez me resulte. Ya no me quedan más mejillas.

sábado, septiembre 25, 2004

hi fi

Una de las cosas que siempre me ha gustado demasiado ha sido la música
Como que no lo puedo evitar y consigo toda la que puedo, aun si no me gustan tanto las bandas específicamente o si las conozco o no. Es como una adicción.
Me encanta poner ritmo a las cosas cotidianas,
Me encanta hacer algo así como una banda sonora de cada día
Siento que la vida no puede ser sólo ruidos de motores, gritos, bocinas, alarmas, celulares, ronquidos, pitos, flautas. Tiene que tener una armonía. Tiene que ser algo que la alegre y le de un sentido, aunque sea uno triste, melancólico. Tiene que tener un sentido. Eso es todo.

Enchufarme a mi discman es cosa de cada vez que salgo a la calle
Elegir el disco para cada día depende de muchas circunstancias. De dónde iré, con quién estaré, cómo iré. Es por ello que existen discos para cada recorrido algunos días. No puedo ir escuchando lo mismo hacia el cementerio que hacia Valpo. Son cosas diferentes y necesitan melodías distintas también.

Por esa costumbre o vicio es que siempre tengo recuerdos como filmados.
Las canciones me traen recuerdos como de películas.
Imágenes sonoras se manifiestan en mi mente cada vez que suena alguna canción especial.
Empieza la melodía y aparece la historia mentalmente. Con la historia vienen también, las sensaciones, los sentimientos, los afectos, los odios, los dolores y las alegrías inmensas. Todo viene con acordes.

Strauss le pone play a la película de mis mejores recuerdos de infancia.
Tortoise a lindas personas que no están y sacan lágrimas a lindas personas que se quedaron.
Os Mutantes al mejor verano en el Consistorial con un grupo inolvidable y alejado.
SportFreunde Stiller, al paseo por Europa.
Erasure, a aventuras en autos sin techo.
Los Enanitos Verdes a cosas olvidables.
Camilo Sesto a bellos momentos con personas que murieron en mis recuerdos.
Así puedo seguir con muchas.
Pero no, a veces hay que detenerse cuando el corazón se sale a escribir.

Stop

viernes, septiembre 24, 2004

Maine Prinzessin

hace un tiempo pude realizar un viaje que soñaba
me reencontré con mi mejor amiga: Carolina
nos conocimos hace muchos años y vivimos muchas experiencias juntas
fueron momentos difíciles algunos, otros no tanto
apendimos muchas cosas, así como a permanecer unidas para que nadie nos destruyera jamás
y no lo lograron. Estamos enteras, fuertes - al menos de aspecto - y tratamos de alcanzar la felicidad. A ratos lo logramos, otros no tanto. Pero estamos bien.
el año pasado pude trasladarme a su jardín de edelweises y bailar al ritmo de un fuerte verano.
Encontré a la niña que recordaba de la infancia y conversé con ella. Nos reconocimos y volvimos a ser amigas, confidentes. La seguí amando como hasta ahora lo había hecho a través de su recuerdo.
Pero con el paso de los días y el saludo del otoño, mis ojos fueron dándose cuenta que esa niña que dejé hace tiempo, ahora era una hermosa e íntegra mujer. La conocí, me hice amiga de ella y la amé.
Las vidas anteriores nos volvieron a juntar y volvieron a unir nuestras almas además.
Era la misma niña, disfrazada. Transparente y dulce. Con sus ojos azules llenos de amor para entregar a quien quiera recibirlo. Siempre con una sonrisa a flor de labios para dar y un abrazo para reconfortar. La seguí amando. Ella también seguía amándome a mí.
Esa mujer era la misma niña, pero a la vez una mujer. La segunda mujer que más amo después de Irene o igual que ella.
Al recordarla, la veo. Andando en su bicicleta. Corriendo entre los verdes prados. Besando a Carina. Apoyando a Christian. Veo sus ojos brillantes de bondad.
La admiro. Sí, la admiro. Y mucho. Cada vez más.
Amo conversar con ella. Amo escucharla. Amo sus consejos.
Al recordarla la veo. Pero también la extraño. Y la extraño mucho. Siento sus tristezas cuando las tiene y las alegrías que vive.
Ésa es Carolina, mi mejor amiga.
Ésa misma que está tan lejos, pero a la vez no tanto.
Los kilómetros en el corazón no existen y ella vive en el mío.