Somebody
I want somebody to share
Share the rest of my life
Share my innermost thoughts
Know my intimate details
Someone who’ll stand by my side
And give me support
And in return
She’ll get my support
She will listen to me
When I want to speak
About the world we live in
And life in general
Though my views may be wrong
They may even be pervertedS
he’ll hear me out
And won’t easily be converted
To my way of thinking
In fact she’ll often disagree
But at the end of it all
She will understand me
Aaaahhhhh....
I want somebody who cares
For me passionately
With every thought and with every breath
Someone who’ll help me see things
In a different light
All the things I detest I will almost like
I don’t want to be tied
To anyone’s strings
I’m carefully trying to steer clear of those things
But when I’m asleep
I want somebody
Who will put their arms around me
And kiss me tenderly
Though things like this
Make me sick
In a case like this
I’ll get away with it
sábado, agosto 14, 2004
Él
Lo conocí en invierno. En una noche negra de julio. Entre la lluvia copiosa apareció su rostro y sus ojos brillantes. Los vi con un brillo que me dijeron que algo muy especial tendrían para mí.
Debo confesar que me costó convencerme de aceptar su primera propuesta a ir a caminar entre las olas. Tenía miedo de entrar en el agua fría. En esas aguas que tantas veces se habían tornado torrentosas y me dejaban a la deriva. Mucho tiempo había pasado desde la última ocasión en que había aceptado ir a nadar acompañada y no me había resultado tan placentero. La soledad era mi nombre y la estaba aceptando. De repente apareció este delfín transparente que me invitaba a pasear en la resaca de arena. Por fin, acepté.
Miré sus ojos miel y me atreví a nadar con él. Me ofrecía confianza a toda prueba. Pero yo seguía dudando. Primero toqué el agua con temor. Luego fui metiéndome poco a poco hasta que me acostumbré a la temperatura. Se sentía tibio. Ya no se me enfriaban las manos con tanta facilidad como antes. Las carcajadas salían a borbotones. Pero esta vez venían desde mi alma. Mi corazón estaba feliz. Y lo sigue estando.
El agua ha pasado. El torrente ha crecido. El agua se ha puesto cada vez más transparente. Pero sigue cada vez más tibia. Ya no quiero salir de ella.
Recobré la confianza y la tengo a mi lado. Lo miro y lo veo con sus ojos brillantes todavía. Me sonríe y yo a él. Sonreímos. Bailamos. Cantamos. Somos felices. Cada vez más.
El agua marcó nuestro inicio y sigue en nuestras vidas, pero ya no es negra la noche. Ahora está iluminada. Las luces de esos bellos ojos son las que alumbran la sonrisa que tengo al verlo en mi memoria mientras escribo. Es fácil decir que encontré mi compañía, mi delfín y mi río. En los únicos en que soy feliz como nunca antes.
Debo confesar que me costó convencerme de aceptar su primera propuesta a ir a caminar entre las olas. Tenía miedo de entrar en el agua fría. En esas aguas que tantas veces se habían tornado torrentosas y me dejaban a la deriva. Mucho tiempo había pasado desde la última ocasión en que había aceptado ir a nadar acompañada y no me había resultado tan placentero. La soledad era mi nombre y la estaba aceptando. De repente apareció este delfín transparente que me invitaba a pasear en la resaca de arena. Por fin, acepté.
Miré sus ojos miel y me atreví a nadar con él. Me ofrecía confianza a toda prueba. Pero yo seguía dudando. Primero toqué el agua con temor. Luego fui metiéndome poco a poco hasta que me acostumbré a la temperatura. Se sentía tibio. Ya no se me enfriaban las manos con tanta facilidad como antes. Las carcajadas salían a borbotones. Pero esta vez venían desde mi alma. Mi corazón estaba feliz. Y lo sigue estando.
El agua ha pasado. El torrente ha crecido. El agua se ha puesto cada vez más transparente. Pero sigue cada vez más tibia. Ya no quiero salir de ella.
Recobré la confianza y la tengo a mi lado. Lo miro y lo veo con sus ojos brillantes todavía. Me sonríe y yo a él. Sonreímos. Bailamos. Cantamos. Somos felices. Cada vez más.
El agua marcó nuestro inicio y sigue en nuestras vidas, pero ya no es negra la noche. Ahora está iluminada. Las luces de esos bellos ojos son las que alumbran la sonrisa que tengo al verlo en mi memoria mientras escribo. Es fácil decir que encontré mi compañía, mi delfín y mi río. En los únicos en que soy feliz como nunca antes.
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